miércoles, 31 de agosto de 2011

La práctica es para mí...

La práctica académica profesional es para mí una oportunidad para confrontar con la realidad y al mi mismo tiempo mis principios sobre aprendizaje y enseñanza de una lengua extranjera. Esta oportunidad, que no se presentó en mi vida de estudiante pues no me gradué como docente sino como "profesional en idiomas", se da día a día a través de las experiencias de mis estudiantes. Compartir con ellos sus inquietudes sobre lo que es aprender y enseñar una lengua extranjera en un colegio público o privado me pone de alguna manera en el salón de clase y me invita a pensar y a reflexionar sobre lo que proponemos para estos espacios. La práctica entonces se convierte en un intento claro para mirar si tanta teoría, que leemos y compartimos desde la academia, tiene el peso suficiente para convertirse en realidad. La discusión constante sobre lo que les pasa en el salón nos permite ir entendiendo que ser maestro implica mucho más que manejar el saber específico. La práctica académica genera pues esos momentos donde tengo que pensar si el verbo "to be" es más importante que las buenas relaciones entre los estudiantes; si las preposiciones están por encima del hambre y la pobreza que azota nuestra instituciones públicas, o si el bilinguismo es más importante que el reconocimiento de los valores propios de nuestra cultura.

Para mí la práctica es un espacio de crecimiento, a veces de lágrimas, pero de mucho aprendizaje. Por eso no puede dejarse para un último año en los programas de la Escuela de Idiomas porque a veces los estudiantes se dan cuenta muy tarde que la realidad los sobrepasa y que no era realmente la docencia lo que querían asumir como poción profesional.

Y para ti, ¿qué es la práctica?

Juan Carlos Guerra
Investigador

1 comentario:

  1. La práctica es para mí una oportunidad para compartir, un espacio de encuentro, y de sorpresas.
    Desde mi participación como asesora siento que es un privilegio compartir de manera tan cercana las inquietudes, las alegrías, las dudas, y los desconciertos de los estudiantes practicantes. Tener la oportunidad de conocer los procesos que los llevan a todos esos estados implica el reto de estar atenta a escuchar las historias que ellos tienen para contar. Aún sin ser explícitos en lo que origina sus posturas frente a todo lo que involucra ser maestro de lenguas extranjeras en Medellín, se ponen en evidencia con gestos, palabras y silencios sobre quienes son ellos.
    Yo creo que los maestros somos contadores de historias. Y me gusta mucho porque es inevitable que la historia personal incida de algún modo en la vida como profesionales, y viceversa. Eso lo he aprendido en mi proceso como aprendiz y como maestra y lo quiero mantener presente en lo que digo y hago. Así no lo cuente como historia, las propuestas que hago, los recursos que llevo, las conversaciones que continuo, o propongo narran decisiones que he tomado, situaciones muy positivas que he vivido o las dudas, preguntas y búsquedas que tengo. Mi intento apunta a que los estudiantes encuentren o construyan su lugar como maestros desde sus historias, sus vivencias, y sus decisiones.
    En la práctica todos nos ponemos en evidencia, nos delatamos para bien y para no tan bien, porque una vez en la realidad de las escuelas sin ningún deber ser, o posibilidad de ser sino tal cual es, no es sólo desde los textos académicos, las conferencias, o los consejos de los profesores o colegas desde donde los estudiantes y los asesores disfrutamos, o enfrentamos las situaciones. Esto implica escuchar, ver, sentir, la vida de los niños y los adultos con quienes compartimos y hacer uso oportuno de todo lo que hemos aprendido desde la academia. No es fácil, de hecho es difícil en muchas ocasiones encontrar el punto de equilibrio para felicitarnos por los aciertos y pensar las posibilidades para hacer mejor las cosas una próxima vez; sorprendernos gratamente con la manera como recorrimos esos encuentros desde la universidad y las escuelas, o reconocer que fue lo que no logramos.
    Para mi es un desafío acompañar a los estudiantes a tomar decisiones buscando un balance entre sus propuestas y las opciones que yo tengo para ofrecerles en las condiciones de la práctica en este momento. Como es un proceso y un proyecto personal, apoyar sin interferir, y aprender a dialogar, a buscar sus propias preguntas implica sortear desacuerdos, situaciones adversas, los naturales cambios que implica el encuentro con lo nuevo, y hacer el ejercicio de descubrir lo que nos vincula.

    Claudiaz

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